
"La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones negativas, con sus punzadas, les dan la sensación de estar vivos", dijo el Maestro.
Y puso este ejemplo:
Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo.
"Casi te agarra, ¿eh?", le dijo alguien que había observado lo ocurrido.
"Sí", respondió el cartero "como todos los días".
Un minuto para el absurdo
Anthony De Mello
Y tu, ¿cuantos toros, esquivas al día?
No hay comentarios:
Publicar un comentario